Sociedad Jose Marti

martes, noviembre 08, 2011

otro logro del partido comunista cubano


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Received: 06:54 AM CDT, 10/25/2011
From: "ricardo calvo"
To: "LVDCL"
Subject: otro logro del partido comunista cubano


La misteriosa muerte de una disidente en La Habana


por Mary Anastasia O'Grady

Mary Anastasia O ’Grady es
editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Durante más de ocho años, el régimen de Castro hizo su mejor esfuerzo para
silenciar a la líder de las Damas de Blanco, Laura Pollán. Hace 10 días
Pollán quedó en silencio. Falleció, luego de una breve enfermedad, en un
hospital en La Habana.

Funcionarios del hospital inicialmente afirmaron que murió de un paro
cardiorrespiratorio. Pero según Berta Soler, la vocera de las Damas de
Blanco en La Habana, el certificado de defunción dice que Pollán sucumbió a
diabetes de tipo II, neumonía bronquial y un virus "sincitial".

Ya que no había atención médica independiente disponible para tratarla y no
hubo autopsia, es improbable que alguna vez sepamos las causas reales de la
muerte de Pollán. Sí sabemos que aunque era diabética con hipertensión,
ambos cuadros estaban bajo control y no necesitaba inyecciones de insulina
regulares. De hecho, estaba saludable sólo semanas antes de su muerte, según
amigos y familiares. También sabemos que mientras más tiempo pasaba bajo
cuidado médico estatal, más se enfermó.

No es sorprendente que la oposición cubana tenga sospechas sobre la muerte
de Pollán, y sus preocupaciones merecen difusión aunque sólo sea por la
naturaleza del régimen totalitario, que aprendió su oficio de la Europa del
Este comunista, donde se refinó la práctica de eliminar enemigos mientras
estaban bajo custodia estatal.

A lo largo de la dictadura cubana, las muertes sospechosas —más comúnmente
ataques al corazón— de personas que estaban saludables y fueron consideradas
desleales con los Castro no son algo completamente extraño. El más famoso
fue José Abrantes, un ex ministro del Interior y confidente de Fidel, quien
se alejó de su jefe, fue encarcelado y aunque era conocido por su buen
estado físico, murió de un ataque al corazón en su celda en 1991. Más de un
desertor del interior del régimen ha afirmado que Abrantes fue asesinado.

Pollán lanzó su causa cuando su esposo, Héctor Maseda, fue arrestado, junto
con otras 74 personas, en una arremetida en toda la isla contra los
disidentes en marzo de 2003. En busca de una forma de resistir la
injusticia, se sumó a otras mujeres cuyos familiares recibieron largas
condenas en la Primavera Negra de Cuba. Juntas organizaron un acto simple y
pacífico de desobediencia: luego de asistir a misa en la iglesia de Santa
Rita en la Habana, marchaban por la calle, vestidas de blanco y llevando
gladiolos. El grupo era pacífico y apolítico. Pero para el régimen era
peligroso, y por lo tanto hizo lo posible por disolverlo.

Golpizas, detenciones, intimidación y acoso al grupo fueron en vano. Las
Damas regresaron una y otra vez a sus prácticas "contrarrevolucionarias":
misa dominical, procesiones en silencio, "tés literarios" de mujeres los
miércoles en la casa de Pollán, vigilias con oraciones por los perseguidos.

El movimiento adquirió un poder visual enorme, y cuando las imágenes de las
damas siendo atacadas en las calles se volvieron virales, la dictadura fue
humillada. Los Castro fueron obligados a ofrecerles "liberación" a los
prisioneros de la Primavera negra a través del exilio con sus esposas.

Pollán y su esposo lo rechazaron. En cambio, la dama expandió el movimiento
en todo el país y prometió convertirlo en una organización de derechos
humanos abierta a todas las mujeres. En declaraciones desde la prisión de
Guanajay mientras la condición de Pollán se deterioraba, el ex funcionario
cubano de contrainteligencia encarcelado Ernesto Borges Pérez le dijo a
'Hablemos Press' que hacer públicos esos objetivos probablemente selló su
suerte.

·        El 24 de septiembre, Pollán fue atacada por una turba mientras
intentaba salir de su casa para asistir a misa. Se informó que torcieron su
brazo derecho, y fue rasguñada y mordida. Esto es notable porque durante más
de un año, las Damas habían alegado que cuando los escuadrones de Castro
venían a buscarlas, los matones lastimaban su piel con agujas. Esas mismas
mujeres afirmaron que luego se sentían mareadas, con nauseas y fiebre. El
periodista independiente Carlos Ríos Otero informó esto para 'Hablemos
Press' antes de que Pollán fuera hospitalizada.

·        Según entrevistas con la hija de Pollán y su esposo y con Soler,
realizadas por la organización sin fines de lucro con sede en Miami
—Directorio, ocho días después del ataque del 24 de septiembre Pollán
comenzó a sentir escalofríos ya a vomitar. Con profundo dolor en sus
articulaciones al día siguiente, fue trasladada al hospital Calixto García.
Luego de una serie de exámenes le dijeron que todo estaba normal y le dieron
de alta. El 4 de octubre tuvo fiebre y problemas para respirar. Un
antibiótico recetado no ayudó. El 7 de octubre fue ingresada nuevamente al
hospital, luego transferida a cuidados intensivos y al día siguiente la
conectaron a un respirador.

A su familia le negaron derechos de visita hasta el 10 de octubre, cuando
sólo le permitieron la entrada a su hija. Agentes de seguridad estatal
rodearon su cama y monitoreaban a los médicos. El 12 de octubre los doctores
informaron que tenía un virus respiratorio sincitial, que también se conoce
como un resfrío. Obviamente estaba mucho más enferma.

El 14 de octubre murió. Cuando se le permitió ver el cuerpo a su familia,
agentes de seguridad estatal otra vez estaban allí, así como en la velación
de una hora permitida a la medianoche. En tiempo récord —sólo dos horas más
tarde— Pollán fue convertida en cenizas. ¿Quién podría culpar a la
resistencia por sus sospechas?

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal
(EE.UU.) el 23 de octubre de 2011.